sábado, 31 de diciembre de 2011

MAURICIO LE OFRECIO A CRISTINA SUS HOSPITALES PUBLICOS PARA QUE SE OPERE.


He tenido acceso a una carta confidencial que don Mauri le envió a la presidenta:
"Doña Cristina: Me he enterado que usted deberá someterse a una intervención quirúrgica y quiero poner a su disposición los hospitales públicos de la ciudad. No sólo contará usted allí con una atención de primera sino que, además, el impacto psicológico de su decisión sería beneficioso para ambos. Para usted porque demostraría que es la líder de los "cabecitas negras" que no tienen ni obra social ni prepaga y que se atienden en mis nosocomios. Para mí, porque así la gente se sacaría de la cabeza ese preconcepto de que yo descuido la salud pública.
Pero eso no es todo. Como he visto que su popularidad creció desde la muerte de su esposo, y que cada vez que se refiere a Kirchner como El consigue por lo menos unos 10 mil adeptos más, se me ocurrió que después que le extirpen la tiroides, es sus actos políticos mencione que extraña a esa glándula llamándola emocionadamente Ella ... y en el 2015 usted será imbatible.
Por otra parte, ¿qué le parece si transmitimos en vivo y en directo su operación? ¿Se imagina la cantidad de dólares que podríamos embolsar vendiendo los derechos a los países latinoamericanos? Cuba, Venezuela , Brasil ... y unos cuantos más no se van a perder el evento. Eso sí, de EE UU y Europa ni le hablo porque ya no tienen ni un mango partido al medio.
Además, la publicidad sería otra fuente de ingresos. ¿Sabe cuánto costarán los 10 segundos de publicidad cuando el cirujano esté a punto de cortar la tiroides con el bisturí y el locutor comente: "Tras una breve pausa comercial ... continuamos".".
La verdad es que no tengo ni idea de que le respondiò Cristina. Yo, en su lugar, lo mandaría al carajo. Pero no porque le tenga bronca a Macri, en estas fiestas somos todos hermanos, sino por las malas experiencias que tuve cuando me atendì en un hospital público. Les voy a contar la última:

Resulta que como me faltaba una vacuna para completar mi legajo escolar, mamá me acompañó al hospital Pena a aplicármela.
Al aproximarnos al nosocomio, observamos con sorpresa una larga fila india de chicos y adolescentes con sus pantalones bajos y de espaldas a la guardia. "Manijeados" por los noticiosos sobre la inseguridad, pensamos que se trataba de un asalto y nos escapamos del lugar.
Ya estando refugiados en casa, nos enteramos por C5N que esa gente semidesnuda no eran más que alumnos de escuelas públicas como yo a los que la enfermera, para ganar tiempo pues estaba trabajando a reglamento, les estaba aplicando las vacunas a "uno tras otro como puñalada de loco".
Más tarde, decidimos probar suerte en el hospital Ramos Mejía, pero ésta vez me acompañó mi papá pues mamá aun no se había repuesto del susto.
La cosa se complicó debido a que por la gran demanda para conseguir un turno para hacerse atender, había que pernoctar allí. Y así lo hicimos.
Ya en la guardia del Ramos Mejía, y mientras aguardábamos el númerito de la suerte que nos permita ingresar a la consulta, fui testigo de algunos hechos que me hicieron sentir como en el living de mi hogar contemplando una rara mezcla de "Emergencias médicas" y "Policias en acción". Les cuento dos anécdotas:
= Si uds piensan que exagero con la cuestión de las demoras para ser atendido en un hospital público, presten atención a lo que viví. Una enfermera se aproxima a un señor mayor agonizante, y le pregunta: "¿Qué lo trae por aquí, abuelo?". Y el pobre hombre alcanza a balbucear "Acné juvenil, señorita".
= Pero lo peor es, sin dudas, la inseguridad reinante aquí adentro. Con decirles que un joven ingresó con un cuchillo atravesado en su espalda ...¡Y lo echaron a patadas porque está prohibido entrar al hospital con armas blancas!".
Al ratito, papá se adormeció sobre la silla y como no pasaba nada más en la guardia, me fui a deambular por dentro del hospital en la búsqueda de nuevas aventuras.
¡Qué cosas raras pasan en los hospitales! Mientras escapaba de la enfermera que me corría con la chata en la mano, observo hacia mi derecha una sala identificada con un cartel rojo fosforescente, cuya luz era intermitente y que indicaba: "Pacientes adictos al sexo - Reservado".
Desoyendo el refrán que sostiene que la curiosidad mata al hombre y embaraza a la mujer, me interesó la cuestión e ingresé allí para esconderme. ¡Otra que "Emergencias médicas"! Lo que vi nada tenía que envidiarle a las películas porno que alquila mi hermano.
Como en esta página no existe la censura, les voy a contar lo que observé. En la cama N° 1 había un tipo masturbándose; me hizo acordar a aquella vez que mamá se metió en el baño y descubrió a Tomás en plena sesión de onanismo ... y lo reprendió. Lo genial fue la salida de mi hermano que se justificó, respondiéndole: "¿No ves que me estoy duchando? Además, ¿qué te metés? ¡Cada uno se enjabona a la velocidad que quiere!".
Vuelvo al tema. En la cama N° 2 una enfermera le practicaba sexo oral a otro paciente. ¡Qué locura! - pensé... mientras mi cabeza giraba para todos lados como la de una lechuza para no perderme nada. La explicación de los tratamientos tan diferenciados lo daba un cartelito que explicaba: "Esta gente sugre de una enfermedad caracterizada por la exacerbación del sexo. Por eso, deben tener eyaculaciones a cada rato. Srta enfermera: recuerde que en la cama 1 están los pacientes que no tienen obra social, y en la 2 los que pertenecen al gremio de Moyano" Estaba tan entretenido con estas escenas de sexo explícito que me descuidé y mi perseguidora me atrapó. Yo creí que iba a pegarme como hace mi mamá cuando hago una macana. Pero no. Parece que la vida en los hospitales públicos se rige por otros códigos. Ella, al contrario de lo esperable, con una voz suave y melosa, me susurró al oído:
- "¿Querés que te ayude a descargar los riñones, papito?"
Ahora que lo pienso fríamente, creo que malinterpreté sus palabras. Me asusté pues supuse que me iba a someter a algún tipo de tortura inventada por los "Goebels" del PRO. La cosa fue que, aprovechando que a la enfermera se le trabó el cierre de mi pantalón mientras pretendía
arrebatármelos, salí "a los pedos" medio desnudo por los pasillos. Pero con tal mala suerte que un milico de la policiá metropolitana me atrapó mientras la enfermera en cuestión, gritaba: "¡Agárrenlo ... me quiso violar!"

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